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La 24ª edición de Azkena Rock Festival volvió a reunir a miles de amantes del rock en Mendizabala, Vitoria-Gasteiz, durante los días jueves 18, viernes 19 y sábado 20 de junio. Tres jornadas dedicadas al rock en todas sus formas, con una programación pensada para disfrutar sin prisas de una de las citas más consolidadas del calendario estatal.
Organizado por Last Tour, responsable también de grandes eventos como Bilbao BBK Live y promotora clave en la llegada de artistas internacionales al País Vasco, Azkena Rock Festival mantiene año tras año una identidad muy reconocible: ambiente cómodo, público fiel y una apuesta clara por el rock, el blues, el punk, el soul, la música country y todas esas propuestas que hacen que en Mendizabala convivan desde sonidos más innovadores y mezclas difíciles de encasillar hasta clásicos de toda la vida.
Aunque el festival no cuenta con zona de acampada dentro del recinto, la organización facilita el acceso mediante autobuses desde distintos puntos, lo que permite llegar y volver de forma bastante cómoda sin necesidad de alojarse necesariamente junto al festival. Un detalle importante para quienes se desplazan desde fuera y que ayuda a que la experiencia sea más sencilla desde el primer momento.
Desde el primer momento, la organización volvió a demostrar por qué Azkena Rock Festival es una de las citas mejor valoradas por el público habitual de festivales. Tanto el proceso de acreditación como la atención recibida durante los tres días fueron impecables. Cualquier duda era resuelta rápidamente y todos los servicios estaban correctamente señalizados, facilitando enormemente la experiencia de los asistentes desde la llegada al recinto.
A pesar de tratarse de un festival de tamaño considerable, el acceso resultó fluido durante toda la edición. Aparcar en las inmediaciones no fue especialmente complicado y los tiempos de espera, tanto para entrar como para acceder a los diferentes servicios, fueron razonables incluso en los momentos de mayor afluencia. Según los datos facilitados por la organización, la presente edición logró reunir a cerca de 48.000 asistentes a lo largo de las tres jornadas.







El público de Azkena sigue manteniendo una personalidad muy definida. La mayoría de los asistentes procedían de distintos puntos de la península, aunque también fue posible encontrar público llegado desde otros países. No es un festival especialmente internacional si lo comparamos con otros grandes eventos europeos, pero sí cuenta con seguidores que viajan expresamente para disfrutar de una propuesta musical difícil de encontrar en otros lugares.
El tiempo fue probablemente uno de los mayores desafíos del fin de semana. Las altas temperaturas marcaron buena parte del festival, aunque la lluvia también hizo acto de presencia, especialmente durante la segunda jornada, donde varios momentos estuvieron acompañados por precipitaciones persistentes. Afortunadamente, no llegaron a generar problemas importantes para el desarrollo de los conciertos, aunque sí se echó en falta una mayor cantidad de zonas cubiertas donde poder resguardarse durante los momentos de lluvia más intensa.
En cuanto a los precios, se situaron en la línea habitual de los grandes festivales europeos. Una cerveza pequeña tenía un precio de 5,90 euros, el vaso grande alcanzaba los 11 euros, una botella de agua costaba 3 euros y los refrescos rondaban los 4,50 euros. Cifras que, sin resultar especialmente económicas, tampoco se alejaban de lo que actualmente se encuentra en eventos de estas características.
La oferta gastronómica apostó por la calidad antes que por la cantidad. Aunque la zona de restauración no era especialmente extensa, sí resultaba suficiente para atender la demanda existente. Entre las opciones disponibles podían encontrarse hamburguesas premiadas, cachopos, perritos calientes, pizzas y diferentes propuestas saladas. Los precios se mantuvieron bastante razonables teniendo en cuenta la calidad ofrecida, con hamburguesas alrededor de los 12 o 13 euros, bocadillos entre 10 y 12 euros y raciones de patatas fritas por unos 6 o 7 euros. Quizá la única ausencia destacable fue la falta de alguna opción para tomar café o acompañarlo con algo dulce, algo que muchos asistentes habrían agradecido durante las largas jornadas de festival.
Uno de los puntos más concurridos durante todo el fin de semana fue el puesto donde ya podían adquirirse los abonos para la próxima edición. Con el 25 aniversario de Azkena Rock Festival en el horizonte, la organización lanzó una atractiva promoción de 145 euros que incluía tanto el abono como un pack exclusivo valorado en aproximadamente 60 euros, compuesto por camiseta, gorra y diferentes artículos conmemorativos. Las colas fueron constantes durante los tres días, reflejando la enorme expectación que ya existe alrededor de una edición que promete ser especialmente importante para la historia del festival.
Si algo dejó claro esta 24ª edición es que Azkena sigue siendo una apuesta segura para cualquier amante de la música en directo. Un festival cómodo, bien organizado y con una personalidad propia que lo diferencia claramente de otros grandes eventos. Y viendo la respuesta del público y la ilusión que ya genera su próximo aniversario, resulta difícil no marcharse de Mendizabala con ganas de regresar el año que viene.
Nuestra aventura en Mendizabala comenzó el jueves. Llegamos puntuales a la cita y, aunque en un primer momento parecía que encontrar aparcamiento podría convertirse en una pequeña odisea, la realidad fue muy diferente. Bastó con alejarnos unos minutos de las inmediaciones más cercanas al recinto para encontrar sitio sin ningún problema. Tras una breve caminata de unos diez o quince minutos, llegamos al festival, recogimos nuestras acreditaciones y en apenas unos minutos estaba todo listo. Comenzaba lo importante: disfrutar de la música.
Una de las grandes virtudes de Azkena Rock Festival sigue siendo la comodidad. El público que acude a Mendizabala suele tener una edad media superior a la de otros festivales generalistas, creando un ambiente especialmente relajado y agradable. En ningún momento se perciben grandes aglomeraciones, resulta sencillo moverse entre escenarios y prácticamente cualquier punto del recinto ofrece una buena visibilidad de los conciertos. A ello se sumó un sonido muy sólido durante todo el fin de semana y unos horarios que, salvo pequeños retrasos puntuales sin importancia, se cumplieron con bastante precisión.









La primera jornada se desarrolló bajo un calor considerable, aunque perfectamente soportable, y sin la presencia de la lluvia que aparecería en días posteriores. Desde primera hora comenzaron a desfilar por los escenarios nombres como Nhil, Robert Finley, Captain Trasho, DeWolff, Radioactivas, Imelda May, The Concrete Boys, Corrosion of Conformity, The Hives, The Adicts, Les Robots, DJ Joe Meats y Ángel y Cristo, configurando una programación tan variada como atractiva y dejando claro desde el primer día la amplitud estilística que caracteriza al festival.
Uno de los espacios que más curiosidad despertó fue nuevamente el Trashville, la ya clásica carpa dedicada a propuestas más salvajes, underground y alternativas. Un escenario con una personalidad muy marcada y donde siempre suceden cosas interesantes. El aforo limitado ayuda a crear una atmósfera especial, aunque las altas temperaturas registradas durante buena parte de la tarde hicieron que permanecer mucho tiempo en su interior resultara, por momentos, algo complicado.
Entre los conciertos más esperados del día se encontraba sin duda Corrosion of Conformity. La banda estadounidense regresaba con ganas de reencontrarse con el público después de una larga ausencia de nuestros escenarios. Tras la salida de Mike Dean, una de las figuras más reconocibles de la historia reciente de la banda, muchos aficionados tenían curiosidad por comprobar cómo afrontaba esta nueva etapa una formación que lleva más de cuatro décadas dejando su huella en el metal y el hard rock estadounidense.
Las dudas duraron poco. Corrosion of Conformity ofrecieron una actuación contundente, cargada de fuerza y personalidad. Los temas clásicos convivieron perfectamente con el material más reciente en un concierto sólido de principio a fin. Los riffs pesados, el groove característico de la banda y una ejecución impecable volvieron a demostrar por qué siguen siendo una referencia absoluta dentro del género. Uno de esos conciertos que recuerdan por qué algunas bandas consiguen mantenerse relevantes durante décadas.
Pero si hubo una actuación que concentró gran parte de la expectación de la jornada fue la de The Hives. Los suecos demostraron una vez más por qué siguen siendo una de las bandas más espectaculares sobre un escenario. Desde su aparición, acompañados por enormes esferas con las letras que forman el nombre de la banda y una puesta en escena tan elegante como llamativa, dejaron claro que aquello iba mucho más allá de un simple concierto de rock.
Gran parte del mérito recae en Pelle Almqvist, uno de los frontman más carismáticos del panorama actual. Incansable durante toda la actuación, no dejó de interactuar con el público, incluso dirigiéndose en varias ocasiones en castellano a los asistentes. Su capacidad para conectar con la audiencia es extraordinaria y convierte cada concierto de The Hives en una experiencia tremendamente entretenida incluso para quienes no conocen a fondo su discografía.
Musicalmente tampoco hubo espacio para el descanso. Himno tras himno, la banda fue encadenando canciones que parecían diseñadas para ser coreadas por miles de personas. Tanto los temas más clásicos como los más recientes encontraron una respuesta inmediata por parte del público. Una demostración más de la enorme facilidad que tiene la banda para escribir canciones memorables y tremendamente efectivas en directo.
Tampoco conviene olvidar actuaciones como las de Imelda May o DeWolff, ambas recibidas con enorme entusiasmo por el público. La artista irlandesa volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las voces más carismáticas del cartel, mientras que los neerlandeses confirmaron el extraordinario momento que atraviesan. Allí donde giran acumulan llenos y cada vez resulta más evidente que su popularidad continúa creciendo a pasos agigantados. La respuesta del público en Mendizabala fue una prueba más de ello.
Tras los cabezas de cartel llegó uno de los momentos más emotivos de la noche con The Adicts. Los veteranos británicos continúan inmersos en su gira de despedida, "Adios Amigos Tour", con la que la banda está poniendo punto final a una trayectoria de casi cinco décadas sobre los escenarios. La actuación estuvo cargada de emoción y nostalgia. Aunque a esas horas el recinto presentaba ya una asistencia notablemente menor, quienes permanecieron frente al escenario se entregaron por completo. Los himnos de la banda fueron coreados con intensidad y el concierto se convirtió en un bonito cierre para una jornada que había dejado grandes momentos.
Todavía quedaba música en algunos escenarios, pero el cansancio y la obligación de madrugar al día siguiente nos obligaron a poner punto final a nuestra primera jornada en Mendizabala. Lo hacíamos con la sensación de haber vivido un excelente comienzo de festival, marcado por grandes conciertos, una organización impecable y la certeza de que lo mejor aún estaba por llegar.











La segunda jornada llegaba ya en pleno fin de semana y eso se notó desde primera hora. Uno de los grandes aciertos de Azkena Rock Festival es precisamente su horario. Los conciertos comienzan a media tarde, normalmente entre las cinco y las cinco y media, lo que permite a mucha gente acudir después de terminar su jornada laboral. Especialmente el viernes, esta fórmula facilita enormemente la asistencia y convierte el festival en una propuesta muy accesible para quienes tienen que compatibilizar ocio y trabajo.
Desde el primer momento se percibió un aumento considerable de público respecto al jueves. El recinto presentaba un aspecto mucho más concurrido y las zonas de restauración, barras y escenarios registraban una afluencia constante de asistentes. Aun así, la comodidad siguió siendo una de las señas de identidad del festival, permitiendo disfrutar de los conciertos sin grandes aglomeraciones y con una experiencia muy agradable para el público.
El viernes volvió a poner de manifiesto otra de las características que hacen especial a Azkena: su carácter familiar. Durante toda la jornada fue posible ver numerosas familias disfrutando juntas de los conciertos, algo que se vio reforzado por la presencia del Txiki ARF, un espacio dedicado a los más pequeños con actividades pensadas para acercar la música a nuevas generaciones. Una iniciativa que encaja perfectamente con el espíritu abierto y acogedor del festival.
Musicalmente, la jornada ofreció propuestas para todos los gustos. Por los diferentes escenarios pasaron artistas como Black Maracas, The Del Fuegos, The Damn Truth, Los Enemigos, Hällas, Old Crow Medicine Show, Circle Jerks, Sugar, The Temperance Movement, Tropical Fuck Storm, Alice Cooper, Voivod, Evaristo, además de las propuestas de Trashville, con nombres como Cave Girl & The Neandergals, Stompin' Riffraffs, Henge, Dwarves o Restless Ramone.
Uno de los conciertos que más expectación despertó durante la tarde fue el de Los Enemigos. Bastaba con pasear por el recinto para ver numerosas camisetas de la banda y comprobar las ganas que tenía mucha gente de volver a encontrarse con ellos. El público respondió desde el primer momento, coreando canciones y demostrando el enorme cariño que sigue despertando una formación que forma parte de la historia del rock estatal.
Poco después llegaría el turno de Hällas, una de las bandas que más rápido está creciendo dentro de la escena europea. Los suecos atraviesan un momento extraordinario y cada vez cuentan con más seguidores allí donde actúan. Por desgracia, la lluvia decidió hacer acto de presencia justo durante su actuación y comenzó a caer con bastante intensidad, obligando a muchos asistentes a buscar refugio durante algunos momentos. Aun así, el grupo ofreció un gran concierto, combinando material de sus diferentes trabajos y demostrando una vez más por qué se han convertido en una de las propuestas más interesantes del rock actual. También llamó la atención su cuidada puesta en escena, con maquillajes, capas y una estética muy definida, hasta el punto de que algunos seguidores acudieron al concierto caracterizados de forma similar.
La apuesta más claramente orientada hacia los sonidos tradicionales americanos llegó de la mano de Old Crow Medicine Show. Los estadounidenses ofrecieron una actuación repleta de espíritu country y folk, con un público entregado que no dejó de bailar y disfrutar durante todo el concierto. Fue uno de esos momentos que recuerdan la enorme variedad musical que puede encontrarse en Azkena sin perder nunca su identidad.
Otro de los nombres destacados del día fueron los veteranos Circle Jerks. Con Keith Morris al frente, la banda ofreció una actuación tan intensa como divertida. Morris volvió a demostrar que disfruta tanto hablando como cantando, compartiendo constantemente sus opiniones, reflexiones y particulares lecciones de vida con el público. Una figura tan carismática como predecible que sigue siendo capaz de captar la atención de todos los presentes incluso entre canción y canción.
Mientras tanto, los escenarios secundarios y la carpa de Trashville continuaban ofreciendo propuestas de enorme interés. Por desgracia, la cantidad de conciertos atractivos era tan grande que resultaba imposible llegar a todo. Hubo que tomar decisiones difíciles y dejar algunas actuaciones para otra ocasión.
Uno de los momentos más esperados de todo el fin de semana llegó pasada la medianoche con la aparición de Alice Cooper. A sus casi ochenta años, el estadounidense volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las mayores leyendas de la historia del rock. Su espectáculo fue sencillamente impresionante. Rodeado de una banda espectacular y acompañado en algunos momentos por su esposa sobre el escenario, Cooper encadenó clásicos de una carrera tan extensa que resulta imposible dar cabida a todos ellos en una sola actuación.
La respuesta del público fue extraordinaria. Cada canción era recibida como un himno y el nivel interpretativo de toda la banda resultó sobresaliente. Hacía muchos años que no teníamos la oportunidad de volver a verlo en directo y la sensación fue clara: Alice Cooper sigue estando en plena forma. Un concierto memorable que justificó por sí solo el desplazamiento a Mendizabala.
La noche todavía guardaba una de esas decisiones imposibles que todo festivalero conoce bien. A las dos de la madrugada coincidían Evaristo y Voivod, obligando a elegir entre dos propuestas completamente diferentes. Tras acercarnos a ver el inicio del concierto de Evaristo y escuchar los primeros acordes de "Salve", decidimos dirigirnos hacia el escenario donde estaban actuando los canadienses.
Y qué decisión tan acertada.
Lo de Voivod fue, sencillamente, espectacular. Más de cuatro décadas después de su formación, los canadienses continúan demostrando por qué son considerados una de las bandas más importantes e influyentes del metal progresivo y experimental. Su nivel musical es difícil de describir con palabras. Cada canción parecía una exhibición de talento, creatividad y personalidad.
La complicidad entre los miembros de la banda, la energía que transmiten sobre el escenario y la naturalidad con la que ejecutan composiciones tremendamente complejas convierten cada concierto suyo en una experiencia única. Ver a Voivod es quedarse mirando el escenario con la boca abierta durante buena parte de la actuación. Para quien firma estas líneas, fue uno de los grandes momentos de todo el festival y una auténtica lección de cómo envejecer dentro del mundo del metal sin perder ni un ápice de relevancia.
El cansancio acumulado, la lluvia y las muchas horas de festival comenzaron finalmente a pasar factura. Todavía quedaba música sonando en Mendizabala, pero para nosotros era el momento de poner punto final a una segunda jornada extraordinaria. Un día marcado por grandes conciertos, una asistencia notablemente superior a la del jueves y la sensación de que Azkena seguía creciendo sin perder aquello que lo hace tan especial.















La tercera y última jornada de Azkena Rock Festival amaneció con unas previsiones meteorológicas algo más optimistas. El calor siguió acompañando durante buena parte del día y, aunque la lluvia volvió a hacer acto de presencia en algunos momentos, resultó bastante menos molesta que durante la jornada anterior y permitió disfrutar de los conciertos con relativa tranquilidad.
El ambiente seguía siendo magnífico. El recinto volvió a llenarse de familias, grupos de amigos y parejas de todas las edades, confirmando una vez más el carácter especialmente familiar que tiene Azkena. El Txiki ARF continuó funcionando a pleno rendimiento y volvió a demostrar que es posible disfrutar de un festival de primer nivel sin renunciar a un entorno cómodo para quienes acuden con niños.
La programación del sábado volvió a ofrecer una mezcla muy característica del festival, combinando nombres consolidados con nuevas propuestas. Por los diferentes escenarios desfilaron artistas como Lepora, Rodeo, Vandoliers, Twin Ghosts, Superchunk, Split Dogs, Sleaford Mods, Bridge City Sinners, Starbenders, Social Distortion, Jason Isbell & The 400 Unit, Discharge, Carpenter Brut, Therapy?, Alcalá Norte o los franceses Cuir, encargados de poner el cierre definitivo al festival.
Las primeras horas de la tarde sirvieron para disfrutar de propuestas como Lepora y Rodeo, dos bandas vascas que demostraron el excelente estado de salud de la escena local. Mientras tanto, los escenarios más pequeños continuaban ofreciendo actuaciones especiales y propuestas menos convencionales, manteniendo esa sensación constante de que siempre está ocurriendo algo interesante en algún rincón del recinto.
Otro de los nombres que despertó una notable atención fue Split Dogs. La banda atraviesa un momento especialmente dulce y cada vez es más habitual encontrar seguidores que acuden expresamente a verlos. Con una cantante dotada de una presencia escénica enorme y una actitud arrolladora, ofrecieron una actuación intensa y muy bien recibida por el público. No resulta extraño que estén creciendo tan rápido ni que ya tengan nuevas fechas de gira previstas para los próximos meses.
Pero si hubo una banda cuya presencia se percibía en cada rincón del festival, esa fue Social Distortion. Camisetas, parches, tatuajes y conversaciones giraban constantemente alrededor de los estadounidenses. Estaba claro que eran uno de los nombres más esperados de toda la edición.
Y no decepcionaron. Social Distortion ofrecieron un concierto sólido, elegante y repleto de clásicos. Quizá su propuesta resulte más pausada que la de otras bandas del cartel, pero precisamente ahí reside parte de su encanto. Canción tras canción fueron construyendo una actuación muy consistente que dejó al público completamente satisfecho. Los asistentes corearon los temas más emblemáticos de la banda y demostraron el enorme cariño que siguen despertando después de tantas décadas de trayectoria.
Uno de los momentos más especiales de toda la jornada llegó con Jason Isbell & The 400 Unit. Su actuación fue probablemente una de las más emotivas de todo el festival. Con una voz extraordinaria y un sonido impecable, Isbell firmó uno de esos conciertos que invitan a detenerse, respirar y simplemente disfrutar de la música. Fue una actuación especialmente elegante y emotiva, de esas que parecen hechas para compartir con alguien especial mientras el sol comienza a desaparecer sobre Mendizabala.
Del sosiego emocional de Jason Isbell pasamos directamente a la absoluta devastación sonora de Discharge. Los británicos ofrecieron una auténtica apisonadora de punk y hardcore. Intensos, agresivos y contundentes de principio a fin, protagonizaron una de las actuaciones más extremas de todo el festival. El sonido fue excelente y la banda demostró que sigue siendo una referencia absoluta para varias generaciones de músicos. Una descarga de energía perfectamente acorde con su nombre.
La siguiente parada nos llevó hasta Carpenter Brut, una de las grandes sorpresas del fin de semana. Llegamos cuando el concierto ya estaba bastante avanzado, pero fue suficiente para entender por qué tanta gente hablaba de aquella actuación. La respuesta del público fue absolutamente espectacular. Miles de personas bailaban sin parar mientras el francés desplegaba toda su artillería de synthwave, electrónica y metal.
El final del concierto fue sencillamente apoteósico. Su versión de "Maniac", el inmortal clásico popularizado por la película Flashdance e interpretado originalmente por Michael Sembello, provocó una auténtica explosión de entusiasmo. El público la coreó como si se tratara de un himno generacional y convirtió el cierre de la actuación en uno de los momentos más celebrados de toda la jornada.
Mientras tanto, los últimos conciertos importantes del festival obligaban nuevamente a tomar decisiones. Por un lado aparecía Alcalá Norte, una de las bandas estatales con mayor proyección del momento. Por otro, los irlandeses Therapy?, que ofrecieron un concierto muy especial centrado principalmente en el material de Troublegum, uno de los discos más importantes de su carrera.
La actuación de Therapy? fue otro de los grandes aciertos de la noche. La complicidad entre los músicos, el buen humor que transmitieron durante toda la actuación y la conexión con un público claramente entregado hicieron que el concierto resultara especialmente disfrutable. Además, la banda celebraba el cumpleaños de su batería, aportando todavía más cercanía y buen ambiente a una actuación que combinó nostalgia, energía y grandes canciones.
Y cuando parecía que el festival ya había ofrecido todo lo que podía ofrecer, llegó Cuir para encargarse del cierre definitivo.
Los franceses protagonizaron una de las mayores sorpresas de toda la edición. Su mezcla de synthpunk, actitud desenfadada y energía desbordante convirtió los últimos minutos del festival en una auténtica fiesta colectiva. Los saltos desde el escenario, los mosh pits constantes y la locura generalizada entre el público demostraron que todavía quedaban fuerzas para una última explosión de energía antes de despedirse de Mendizabala.
Para quien escribe estas líneas, Cuir terminó siendo uno de los descubrimientos más inesperados y satisfactorios de todo el festival. Una actuación explosiva, divertida y completamente impredecible que dejó un sabor de boca inmejorable para cerrar tres días de música.
Con el último acorde todavía resonando en el recinto, llegaba el momento de despedirse de una nueva edición de Azkena Rock Festival. Un festival que ha vuelto a demostrar que sigue teniendo una personalidad propia dentro del circuito europeo. Aquí conviven leyendas, nuevas promesas, familias, veteranos aficionados y jóvenes que descubren sus primeras bandas. Un lugar donde la música importa tanto como la experiencia compartida.
También merece una mención especial la comodidad general del recinto. La abundancia de servicios y barras hizo que apenas hubiera colas significativas durante todo el fin de semana, algo que siempre se agradece en un evento de estas dimensiones y que contribuye enormemente a la experiencia del público.
Desde aquí solo queda agradecer a Last Tour la invitación, la atención recibida durante toda la cobertura y la excelente organización de un festival que sigue siendo una referencia dentro del panorama estatal.
Pero quizá lo más bonito de Azkena sea algo más difícil de explicar. Es la emoción. La emoción de las bandas al subir al escenario. La emoción de los asistentes al reencontrarse con artistas que llevan décadas acompañándoles. La emoción de descubrir nuevos nombres que probablemente volverán a formar parte de futuras bandas sonoras personales. Esa ilusión sigue estando presente en cada rincón del festival y se contagia constantemente entre artistas y público.
Y mientras esa chispa siga existiendo, Azkena seguirá siendo un lugar especial.
Nos vemos en el 25 aniversario.