Obscene Extreme Festival 2026: 27 años defendiendo el metal extremo sin concesiones

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Del 1 al 5 de julio, la ciudad checa de Trutnov volvió a convertirse en la capital mundial del grindcore, el death metal, el hardcore y todas las variantes más extremas de la música pesada con la celebración de la 27ª edición del Obscene Extreme Festival. Un evento que, lejos de parecerse a cualquier otro festival europeo, ha conseguido construir una identidad absolutamente única a lo largo de casi tres décadas.

Fundado por Miloslav "Curby" Urbanec, el Obscene Extreme nació con la intención de crear un festival diferente, centrado exclusivamente en la música extrema y en una filosofía basada en la igualdad, el respeto y el ambiente familiar dentro de una escena que, año tras año, reúne a seguidores llegados desde prácticamente todos los rincones del mundo. Lejos de convertirse en un macrofestival, ha sabido conservar ese carácter cercano que hace que tanto público como bandas se sientan parte de una misma comunidad.

El festival se celebra en el ya emblemático Battlefield de Trutnov, un recinto con forma de anfiteatro natural desde el que prácticamente cualquier punto ofrece una excelente visibilidad del escenario principal. Un lugar que ya forma parte de la historia del festival y cuyo futuro, precisamente, es una de las grandes incógnitas tras esta edición. Durante el evento se confirmó que Obscene Extreme regresará en 2027, anunciando incluso a GWAR como primera banda confirmada. Sin embargo, la organización explicó que todavía no puede asegurar que vuelva a celebrarse en Trutnov, dejando en el aire cuál será finalmente su ubicación. Desde aquí solo podemos desear que el festival continúe celebrándose en este recinto tan especial, difícilmente sustituible por otro con tanta personalidad.

Como es tradición, la programación volvió a ser inabarcable. Durante seis intensos días —incluyendo la pre-party y la after-party, donde también participan algunas de las bandas del cartel principal— el festival ofreció actuaciones prácticamente ininterrumpidas desde las diez de la mañana hasta bien entrada la madrugada. Un ritmo frenético que obliga inevitablemente a elegir entre conciertos, hacer una pausa para comer, descansar unos minutos o simplemente recorrer el recinto disfrutando del ambiente.

Una de las señas de identidad del Obscene Extreme sigue siendo su apuesta por una oferta gastronómica mayoritariamente vegana y vegetariana, algo que forma parte de la filosofía del festival desde hace años. Aun así, quienes prefieran otras opciones encuentran numerosos restaurantes a escasos minutos del recinto, además de un nuevo establecimiento situado junto a la entrada del festival que se convirtió rápidamente en uno de los lugares favoritos para desayunar o recuperar fuerzas entre conciertos.

También resulta difícil encontrar hoy en Europa un festival con una relación calidad-precio similar. La cerveza continúa rondando los 3 euros el medio litro, los combinados se mantienen alrededor de los 7-8 euros y la comida sigue ofreciendo precios muy razonables, algo especialmente llamativo teniendo en cuenta el aumento generalizado de costes que han experimentado la mayoría de grandes festivales europeos.

Acostumbrados a ediciones marcadas por el barro y las lluvias constantes, este año la meteorología dio una tregua. Salvo algún momento puntual, el tiempo acompañó durante prácticamente todo el festival, permitiendo disfrutar de los conciertos en unas condiciones mucho más cómodas de lo habitual.

Una vez más, el nivel del cartel volvió a ser sencillamente espectacular. Más de un centenar de bandas desfilaron por su único escenario durante cuatro días.

Una de las novedades más comentadas de esta edición llegó incluso antes de que sonara la primera nota. Tras lo ocurrido el año pasado y las quejas vecinales, el Obscene Extreme dijo adiós a su tradicional afterparty. A partir de este año, una vez finalizan los conciertos, el recinto cierra y todo el mundo debe abandonar la zona. Una decisión que, aunque comprensible, deja un enorme vacío para quienes llevamos años acudiendo al festival. Aquellas noches eran parte de la esencia del Obscene: cientos de personas cantando clásicos del rock y del metal junto a los camareros, bailando con una cerveza en la mano, compartiendo risas con desconocidos llegados de todo el mundo. Era imposible no acabar allí cada noche, y sinceramente, es una de las tradiciones que más se echarán de menos.

Por desgracia, nosotros tampoco pudimos comenzar el festival desde el primer minuto. Como ocurre con muchos asistentes, el trabajo manda, y llegar el miércoles por la mañana era imposible. Eso hizo que nos perdiéramos las primeras actuaciones y también el ya clásico Freak Festival, una de las señas de identidad del Obscene Extreme. Aun así, nuestros amigos nos pusieron al día rápidamente de todo lo sucedido. Como siempre, el Freak Festival volvió a ser una auténtica locura: concursos imposibles, gente enfrentándose a comidas extremadamente picantes hasta acabar vomitando, carreras metidos dentro de cubos de basura, latigazos con diferentes tipos de cuero y un sinfín de situaciones tan surrealistas como divertidas. Un espectáculo que probablemente solo tenga sentido dentro del universo del Obscene Extreme y que resume perfectamente el espíritu del festival: aquí nadie viene a aparentar nada, solo a pasarlo bien.

A partir de ahí comenzó el auténtico maratón musical. Desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la madrugada, el escenario principal fue recibiendo bandas llegadas de prácticamente todos los rincones del planeta, ofreciendo un cartel que mezclaba grindcore, death metal, hardcore, crust, thrash, powerviolence y todas las variantes imaginables de la música extrema.

La primera jornada ya dejaba claro el enorme nivel del cartel. The Accüsed AD, Eyehategod, Dwarves, Hideous Divinity y, sobre todo, Converge, fueron algunos de los grandes protagonistas del día. El concierto de Converge fue, sencillamente, una auténtica barbaridad. Intensidad absoluta de principio a fin, con una propuesta que fusiona metalcore, hardcore punk, mathcore, noise y metal extremo de una forma tan natural como demoledora. La banda ofreció una actuación arrolladora, precisa y cargada de una energía desbordante, demostrando una vez más por qué, tras más de tres décadas de trayectoria, continúa siendo una de las grandes referencias de la música extrema y del circuito underground. Para nosotros, sin ninguna duda, uno de los mejores conciertos de todo el festival.

Como viene siendo habitual en el Obscene Extreme, el nivel apenas bajó durante el resto de jornadas. El hardcore tuvo un protagonismo enorme este año, con actuaciones memorables de Pro-Pain, auténticos veteranos que siguen descargando una potencia en directo impresionante, o de Insanity Alert, capaces de convertir cada concierto en una fiesta gracias a ese particular sentido del humor con el que entienden el thrash metal. Su propuesta desenfadada, llena de referencias absurdas y situaciones cómicas, conecta perfectamente con el espíritu del festival, donde divertirse es casi tan importante como la propia música.

Otra de las actuaciones más esperadas fue la de Malignant Tumour, una banda muy especial dentro de la historia del Obscene Extreme. Su vocalista, Bilos, es además la mano derecha de Curby, fundador y alma del festival, por lo que cada una de sus actuaciones se vive casi como una celebración familiar. Su rock and roll volvió a funcionar a la perfección, con un público completamente entregado desde el primer minuto.

También brillaron con luz propia Necrot, una de las bandas con mayor proyección del death metal actual. Cada gira confirma que atraviesan uno de los mejores momentos de su carrera y, una vez más, ofrecieron un concierto impecable, pesado, técnico y demoledor, dejando claro por qué se han convertido en uno de los nombres imprescindibles del metal extremo contemporáneo.

Y esa es precisamente una de las mayores virtudes del Obscene Extreme. No importa la hora del día ni el nombre que aparezca en el cartel: prácticamente todas las bandas tienen un motivo para estar allí. El nivel de selección continúa siendo extraordinario y resulta realmente complicado encontrar conciertos decepcionantes. Más que un simple festival, el Obscene Extreme sigue siendo una auténtica celebración de la música extrema en todas sus formas.

El nivel no decayó en ningún momento durante el resto del festival. Entre las sorpresas más agradables nos encontramos con Phantom, la joven formación de speed metal procedente de México, que continúa consolidándose como una de las grandes promesas del género. Los mexicanos, que compartieron parte de esta gira europea con Poison the Preacher, demostraron una actitud arrolladora y una velocidad endiablada que conquistó rápidamente al público del Obscene Extreme.

El escenario siguió recibiendo nombres imprescindibles como los siempre contundentes Bodyfarm, los suecos Demonical, los veteranos Warcollapse, los incombustibles Isacaarum o los alemanes Fleshcrawl, bandas que nunca fallan cuando se trata de ofrecer una descarga de death metal de primer nivel.

Mención especial merece Macabre, una de esas bandas irrepetibles que siguen conservando una personalidad absolutamente única dentro del metal extremo. Su particular forma de combinar el death metal con el humor negro y las historias de asesinos en serie continúa funcionando a la perfección décadas después. Gran parte del mérito recae en Corporate Death, un auténtico frontman cuya enorme expresividad convierte cada canción en una pequeña representación teatral. Entre explicaciones, cambios de voz y una interpretación gestual brillante, consigue que el espectáculo vaya mucho más allá de lo puramente musical, acompañado además por las habituales apariciones sobre el escenario de personajes disfrazados que completan una actuación tan macabra como divertida.

Los amantes del old school death metal también pudieron disfrutar de una descarga demoledora gracias a bandas como Jungle Rot, mientras que nombres como Vulvectomy, Razorrape o Svaveldioxid mantuvieron el listón altísimo durante una jornada en la que prácticamente no hubo un solo momento para descansar.

La última jornada tampoco dio tregua. Bandas como Devangelic, Keitzer, Murder Squad o Assassin volvieron a demostrar el enorme nivel del cartel. Especialmente intenso fue el concierto de Bonded, liderados por el exguitarrista de Sodom, Bernd "Bernemann" Kost, que durante más de veinte años formó parte de la mítica banda alemana. Su descarga de thrash metal fue absolutamente demoledora y alcanzó uno de sus momentos culminantes cuando cerraron su actuación interpretando "City of God" de Sodom, provocando una auténtica locura entre los asistentes.

Si hubo una actuación destinada a convertirse en la gran fiesta del festival, esa fue la de Rectal Smegma. Flotadores, juguetes hinchables, disfraces, confeti y un público completamente entregado transformaron el recinto en una celebración constante. Su propuesta de grindcore desenfadado conecta a la perfección con el espíritu del Obscene Extreme y volvió a dejar uno de los momentos más divertidos de toda la edición.

Otra auténtica apisonadora fue Benighted. Los franceses ofrecieron una actuación salvaje, de una intensidad brutal, demostrando por qué siguen siendo uno de los grandes referentes del brutal death metal europeo. Pocos conciertos transmitieron semejante sensación de violencia perfectamente controlada sobre el escenario.

Macabre regresó más tarde con un curioso formato acústico de apenas media hora que volvió a arrancar sonrisas entre el público, antes de dar paso a uno de los conciertos más esperados del fin de semana: Dismember. Los pioneros del death metal sueco demostraron una vez más que siguen siendo una institución dentro del género, dejando paso posteriormente a Rotten Sound, cuya descarga de grindcore fue, como siempre, sencillamente devastadora.

El cierre del festival corrió a cargo de los alemanes Despondency, que firmaron una actuación muy sólida pese al evidente cansancio acumulado tras cinco intensos días de música. La lluvia volvió a hacer acto de presencia durante los últimos compases del festival, pero ni siquiera eso consiguió empañar una despedida tan emotiva como merecida. Sin afterparty este año, los últimos acordes marcaron también el final definitivo de una nueva edición del Obscene Extreme.

Como siempre, el festival volvió a regalarnos algunos de esos momentos imposibles de encontrar en cualquier otro evento. Mosh pits prácticamente continuos, decenas de personas subiéndose al escenario para lanzarse sobre el público, disfraces de todo tipo, personajes imposibles recorriendo el recinto y, cómo no, algún que otro desnudo inesperado que ya parece formar parte de la tradición del festival, aunque probablemente nadie lo haya pedido.

Y así terminó un nuevo Obscene Extreme Festival. Otra edición para el recuerdo, repleta de grandes conciertos, descubrimientos y reencuentros con amigos llegados de todos los rincones del mundo. Un festival que sigue manteniendo intacta su personalidad, donde la música extrema continúa siendo la gran protagonista, pero donde el verdadero motivo por el que tantos regresan cada verano sigue siendo exactamente el mismo: el ambiente. Porque pocos lugares consiguen transmitir ese sentimiento de comunidad que se respira en Trutnov. Esperamos sinceramente volver el próximo año, sea donde sea finalmente su nueva ubicación, para seguir celebrando una de las citas más especiales del calendario europeo del metal extremo.

Antes de terminar, queremos agradecer profundamente a Curby, a toda su familia y a la inmensa crew del Obscene Extreme Festival por el trabajo que realizan año tras año. Pocos festivales consiguen transmitir una sensación tan sincera de comunidad. Aquí no da la impresión de que haya una organización trabajando para miles de personas; da la sensación de que una enorme familia abre las puertas de su casa durante unos días para compartir aquello que más ama. Se respira cercanía, ilusión y una pasión contagiosa en cada miembro de la organización, desde primera hora de la mañana hasta el último concierto.

Esperamos de corazón volver a encontrarnos el próximo año, sea finalmente en Battlefield, Trutnov, o en cualquier otro lugar donde el destino lleve al Obscene Extreme. Porque los festivales los hacen las bandas, el público y los escenarios, pero también las personas que trabajan incansablemente para que todo funcione y para que miles de asistentes podamos seguir viviendo momentos como estos.

Y, sobre todo, ojalá nunca perdamos esa pasión. Esa ilusión casi infantil con la que esperamos el siguiente concierto, la emoción de descubrir una banda nueva, el brillo en los ojos cuando suenan los primeros acordes de uno de nuestros grupos favoritos o la felicidad de compartir una cerveza con amigos llegados de cualquier rincón del mundo. No hay nada más triste que perder esa capacidad de emocionarse con aquello que uno ama.

Que nunca desaparezca esa llama. Que sigamos viviendo la música con la misma intensidad, con la misma curiosidad y con la misma pasión que nos llevó por primera vez a un festival. Porque, al final, lugares como el Obscene Extreme nos recuerdan exactamente por qué seguimos aquí después de tantos años: por la música, por las personas y por esa felicidad imposible de explicar que solo se siente cuando estás donde realmente quieres estar.

Hasta la próxima, Obscene Extreme. Esperamos volver a encontrarnos muy pronto.


 


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